lunes, 26 de junio de 2017

Comic: John Constantine, Hellblazer Volumen 10

Guión: Paul Jenkins
Dibujo: Sean Phillips y Al Davidson
Editorial: Vertigo / DC Comics (originalmente publicado como ‘Hellblazer’ 97 al 107)
Formato: Trade Paperback, 288 páginas, color.


Opalala, revisando veo que la ultima reseña en el blog de Hellblazer era de la etapa escrita por Jamie Delano. Así que me saltee el final de Delano, todo lo de Garth Ennis, la muy berrata saga escrita por Eddie Campbell y el comienzo de Paul Jenkins. Sepan disculpar y no lo tomen para nada como un parámetro de calidad, de hecho sacando lo de Campbell todo el material es de bueno a excelente.

¿En qué situación nos encontramos a  nuestro mago británico favorito al comenzar este tomo? Como siempre bajó la espada de Damocles: una vez más logro zafar de caer en las garras de The First of the Fallen (lo más parecido a un archivillano) y está tratando de ser un buen tipo pero a esta altura es bien claro que simplemente lo de la buena onda no es lo suyo, más cuando ya tiene la confirmación de que cuando muera ira al infierno, no importa lo que haga. Es muy interesante la construcción de Constantine que hace Jenkins: es manipulador, carroñero y tan humano como lo pintaron Ennis o Delano pero reconecta más con el lado de la magia, se codea más con entes sobrenaturales e incluso se desarrolla un lado más de detective, de investigar e interpretar las señales mágicas. Queda bien claro que las formas de zafar de John no son simple labia sino saber cómo manejar ciertos aspectos paranormales; sin ir más lejos en el primer arco de Jenkins fue fundamental la legendaria (a esta altura de la serie) sangre de demonio, en cierta forma toma un rol central en este tomo y me juego a que volverá a ser importante dentro de dos tomos cuando concluya la estadía del guionista australiano en la serie.


Otro cambio importante con Jenkins es que los guiones vuelven a ser más oscuros, crípticos y angustiantes, con muchísima voz en off, tanto omnisciente como del propio John. Hay toques de humor pero quedaron lejos las charlas de bar de Ennis o elementos más cotidianos como la mafia o la política. Eso sin descuidar un elenco “civil” que como ya es costumbre conocen a John desde siempre (aunque nunca hayan aparecido o sido nombrados antes) y que posiblemente varios no lleguen vivos al final. Igual ojo, Jenkins es mucho más cuidadoso con la continuidad de la serie que Ennis y en vez de arrancar con borrón y cuenta nueva retoma muchos secundarios y situaciones ya establecidas; el capitulo aniversario (Hellblazer #100, ‘Sins of the father’) es una gran muestra del respeto de Jenkins por los escritores anteriores y una pieza fundamental del folklore constantiniano.


Creo que el capítulo más “ennisado”  de este tomo sea el de los Hooligans, muy bien dibujado por el suplente Al Davidson. Los otros nueves capítulos están dibujados por un inglés que ya jugó un montón de veces como suplente en la serie, pero que a partir de acá va puliendo cada vez más su estilo, trabajando sus fallas (a veces esas caras… pfff) a favor y logrando cada vez mejores climas y narrativas. Este caballero se luce en particular con los paisajes infernales de la trilogía ‘Difficult Beginnings’ pero también la rompe con los cambios de estilo en el primer capítulo, el de esa charla en el bosque que es mucho más importante de lo que parece. En estas revistas empieza la leyenda de Sean Phillips y hasta Brubaker no paramos. Y no hay que ignorar que el colorista es casi siempre  Matt Hollingsworth, un verdadero mago del color.




Espero leer pronto los tomos que faltan de Jenkins y no quedarme distanciado tanto tiempo de este personaje genial para leer pero pésimo para tener de amigo en la vida real.

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