miércoles, 21 de junio de 2017

Comic: Pyongyang

Guión y dibujo: Guy Delisle
Editorial: Editorial Común (edición original: L'Association, año 2003)


Y por fin después de años de escuchar las virtudes de Guy Delisle le entre a una de sus obras más conocidas, ‘Pyongyang’, que al igual que ‘Jerusalén’ o ‘Shenzhen’ son relatos autobiográficos de los países donde lo mandan por trabajos en estudios de animación.


Lo primero que me cautivo de ‘Pyongyang’ es la habilidad del autor canadiense para engancharte y hacer que leas página tras página de…. prácticamente nada. O sea, el tipo te cuenta, por ejemplo, como lo llevan a recorrer un museo y a un picnic, no que lo confunden con un delincuente o algo que parezca más “emocionante”; pero igual jornada tras jornada, cada mini relato es como una aventura que te saca sonrisas y al mismo tiempo te preocupa un toque, después de todo la capital de Corea del Norte debe ser uno de los ambientes más pesadillescos de la sociedad humana: una ciudad a oscuras para ahorrar energía eléctrica, aislada totalmente del resto del mundo, casas donde es obligatorio tener el retrato del actual presidente y de su padre, en todos lados se ve y siente un gobierno totalitario que controla todo con un nivel de propaganda tan grande, absurdo y dantesco que hasta Orwell tendría problemas imaginándolo.


Delisle se toma todo con humor, no hace bardo ni intenta armar una revolución pero le saca todo el jugo al continuo choque cultural que experimenta, no solo con los norcoreanos sino juntando experiencias y relatos de otros viajeros. Es excelente la unión de todo con reflexiones, viñetas explicativas y hasta “juegos” para interactuar con el lector.


Con tantos elementos en el guión, con tanto para contar, Delisle usa una cantidad importante de viñetas por paginas pero como el dibujo es muy simple, cartoon y expresivo hace la lectura muy llevadero. Eso sí, los fondos en las viñetas más grandes o cuando quiere que el lector experimente el mismo asombro que él son muy detallados, por ejemplo cuando va a ver la estatua gigante de Kim Il-Sung. Y para ser una historia llena de personajes de rasgos orientales, no hay dos iguales, más ayuda aún para seguir fácil el ritmo y no perderse.

Una mención aparte para la edición argentina de Editorial Común, traducida por Astrid Liliedal, muy correcta en los diálogos coloquiales, sin recurrir al horror del neutro pero tampoco mandando expresiones salvajes o demasiado fuera de contexto.

Estoy encantado con este primer viaje junto a este genio y espero que vengan muchos más. 

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